Vivimos en la era de las series, de eso ya no hay discusión. Solo en Estados Unidos en 2016 se emitieron un total de 455 diferentes series originales, 93 de ellas únicamente en plataformas online. Y este es un dato que se estima ha ascendido a más de 500 en 2017. Las series son ahora más accesibles que nunca gracias a plataformas como HBO, Amazon o Netflix, y se han convertido en los mayores estandartes de la cultura popular. ¿A quién no le suena hoy en día Juego de Tronos o Stranger Things? ¿Acaso hay alguien menor de 40 años que no reconozca la figura de Walter White o Jon Snow?
Por ello, y para haceros la búsqueda de nuevas ficciones más sencilla, aquí os dejamos nuestra recomendación personal de series estrenadas el pasado año:
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Big Mouth (Netflix, comedia de animación)
La pubertad es una de las etapas más convulsas y apasionantes en la vida de un ser humano –cambios físicos, despertar sexual, dudas, incomprensión, primeros amores…-. No obstante, siempre ha resultado un tema algo tabú para las sociedades modernas y de igual modo para las grandes productoras de ficción. Hasta ahora.
Con Big Mouth, Netflix nos brinda la oportunidad de viajar junto a sus tres protagonistas (Nick, Andrew y Jessi) a lo largo de las primeras etapas de la adolescencia. Y lo hace sin tapujos.
El hecho de tratar la pubertad con tantísima cercanía y naturalidad, con todo lo que ello conlleva, seguramente nunca antes se había podido ver de una manera tan exacerbada como en Big Mouth, y ello supone un pequeño triunfo de estos tiempos extraños.
Disponible en todo el mundo desde principios del pasado otoño, la serie creada por Nick Kroll y Andrew Goldberg (guionista este último de Padre de Familia) revienta tabús, reivindica la sexualidad adolescente y nos hace recordar con ternura una etapa que muchxs, incluido servidor, vivimos con mucha alegría y una bonita incertidumbre.
Quizás demasiado explícita y atrevida para los más Flanders, lo cierto es que Big Mouth es un nuevo soplo de aire fresco en un género, el de la animación para adultos, que no para de crecer y reinventarse.
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Godless (Netflix, drama)
La última pirueta del género Western. Escrita y dirigida por Scott Frank y producida por Steven Soderbergh, Godless es una miniserie de 7 capítulos inexplicablemente entretenida y visualmente sobresaliente. Godless puede pecar de ser demasiado lenta para parte del público, pero es que su ritmo sosegado es casi necesario: la trama y los personajes se van cocinando con paciencia y esto se agradece cuando todo empieza a hervir violentamente.
Una violencia que viene de la mano de Frank Griffin, un agresivo bandido interpretado por Jeff Daniels que anda en busca de un hombre llamado Roy Goode. Goode, encarnado por Jack O’Connell, perteneció en su día a la banda criminal dirigida por Griffin, hasta que el asalto a un tren se descontroló y Goode huyó con el botín a una granja propiedad de Alice Fletcher (Michelle Dockery), situada en un pueblo llamado La Belle, donde la mayoría de la población está compuesta por mujeres viudas.
Fiel al género Western en casi todos los aspectos, Godless sin embargo resulta original y valiosa porque otorga papeles de gran importancia a mujeres y no se ensimisma más de la cuenta en panorámicas de relleno o subtramas insulsas.
Además, Scott Frank es excepcionalmente ágil a la hora de manejar gran cantidad personajes a la vez: presta mucha atención al desarrollo de sus defectos y virtudes y nos muestra una vasta escala de grises en sus personalidades. Ello también es posible gracias al magnífico reparto de la serie; un elenco encabezado por un memorable Jeff Daniels que resulta muy convincente.
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Mindhunter (Netflix, thriller policíaco)
La vuelta de David Fincher a la pequeña pantalla era de lo más esperado de 2017, y lo cierto es que su segunda produción junto al dramaturgo Joe Penhall para la plataforma online Netflix no ha defraudado.
Pese a no sorprender demasiado en temática -de nuevo, Fincher se sumerge en el mundo del asesinato en serie-, Mindhunter innova en enfoque: el asesino “secuencial”, que por lo general suele ser un ente misterioso y esquivo que juega con el protagonista en un discreto segundo plano, pasa a ocupar gran parte del metraje, con diálogos muy ricos en detalle y una implicación activa en el desarrollo de la narrativa.
La historia, que está ambientada en la América de los años 70, pivota alrededor del deseo de nuestro protagonista, el agente del FBI Holden Ford (Jonathan Groff), de comprender la psicología y la lógica criminal del “asesino secuencial”. Para ello, Ford emprende una serie de entrevistas a diferentes convictos por asesinatos múltiples con tal de intentar descifrar sus patrones y mejorar los procedimientos de investigación del FBI. Para ello requiere de la ayuda de Bill Tench (Holt McCallany), un testarudo veterano del cuerpo que, con sus idas y venidas, hace las veces de escudero y hermano mayor en el recorrido de ambos como “educadores” a lo largo de innumerables comisarías y prisiones estatales de Estados Unidos.
Su recorrido, que comienza lento y sin sobresaltos, se vuelve salvaje e inquietante con la aparición de la figura de Edmund Kemper, un peculiar asesino en serie al que Ford visita en la prisión de Vacaville, California, en contra de las recomendaciones de su compañero Bill Tench. Kemper resulta un engranaje esencial en el desarrollo y desenlace de la trama, ya que impulsa y da sentido a las investigaciones sobre psicología criminal de la pareja de agentes y alimenta algunos de los momentos más tensos de la temporada. Es necesario destacar en este sentido el trabajo de Cameron Britton dando vida al mismo. En una actuación magistral, Britton controla como nadie los silencios, las miradas etéreas y el tono y cadencia exactos que caracterizaban al Kemper real.
Si eres amante del género policíaco y en especial de David Fincher, Mindhunter no te va a defraudar. La serie cuenta con todas las virtudes que han hecho de la obra del director de películas de culto como Seven (1995), El club de la lucha (1999) o Zodiac (1997) un objeto de estudio: un guion audaz y complejo, la búsqueda de situaciones límite, la introspección psicológica de los protagonistas y, en último término, la violencia, que en el caso de Mindhunter no aparece de manera explícita, sino que es inteligentemente insertada en relatos y testimonios desgarradores.
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The Deuce (HBO, drama)
Una más de un coloso de la televisión como David Simon. Una más que no pasa desapercibida para la crítica. Con The Deuce, David Simon vuelve a dirigir un proyecto para HBO tras The Wire (2002-2008) Tremé (2010-2013) y Show Me a Hero (2015). En él, Simon nos traslada a la salvaje y cruda Nueva York de los años 70, en los albores de la industria pornográfica de la gran manzana.
El lugar y el tiempo sobre los que se asienta la trama, si bien manidos en la historia de la ficción americana, no dejan de ser apasionantes en The Deuce. Ello se debe a la aproximación de Simon y su equipo a la realidad de aquella época. La construcción de esa Nueva York de los años 70 es detalladísima y se siente tan real que si tocáramos la pantalla de nuestro televisor seguramente cogeríamos un par de infecciones. El propio Simon afirmó en una entrevista a The Guardian que su intención era que la serie pareciera “una película hecha en el 71” que alguien se hubiera encontrado por casualidad y pudiera decir “oh, esto parece real!”.
Aunque tanta realidad en muchas ocasiones resulta desagradable de ver. Esto es algo innegable. Miseria, sufrimiento y violencia sexual explícita se unen en The Deuce para incomodar al espectador y hacer que desee estar viendo La Casa de la Pradera. Pero de eso trata la serie, de mostrar las facetas más oscuras que entraña el ejercicio del poder en los estratos más bajos de la sociedad urbana. Un poder físico, sexual, económico y político que, efectivamente, es incómodo.
Además, la serie nos ofrece actuaciones impecables como la de James Franco, que da vida – al mismo tiempo –a una pareja de gemelos llamados Frankie y Vincent Martino; o la de Maggie Gyllenhaal, que encarna magistralmente a Eileen Merrell o “Candy”, una prostituta de Times Square con gran interés en formar parte de la industria pornográfica.
Tan solo una pega a The Deuce: los 8 capítulos que dura la primera temporada se hacen demasiado cortos para desarrollar un par de tramas paralelas. Suerte que una segunda temporada ya está en camino.
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The Handmaid’s Tale (Hulu, drama distópico)
Si todavía no has visto la que para muchos es la mejor serie de 2017, no sabemos a qué estás esperando. La adaptación a formato seriado de la novela homónima de Margaret Atwood ha sido sin duda la mayor revelación del pasado año, llegando a ganar tanto el Emmy como el Globo de Oro a mejor serie de drama.
La acción de The Handmaid’s Tale (o “El cuento de la criada”) se sitúa en Gilead, una versión distópica de Estados Unidos en la que los poderes estatales son asumidos a la fuerza por una extraña organización paramilitar que cambia por completo la configuración del territorio. En este nuevo contexto se produce un grave retroceso en los derechos y libertades de la nueva sociedad, y las mujeres fértiles como nuestra protagonista, Offred, son despojadas de sus familias y asignadas a diferentes casas particulares. En ellas son obligadas a someterse en un extraño ritual a las violaciones sistemáticas de sus ‘comandantes’, todo con el fin de quedar embarazadas para “mantener el equilibrio demográfico” de la joven región.
Pese a no ser un relato deliberadamente feminista según su autora original, el enfoque dado por Bruce Miller, creador y guionista de la adaptación para Hulu, consigue aportar a la historia la fuerza narrativa necesaria (tanto visual como textual) como para convertir a The Handmaid’s Tale en un potente relato de liberación femenina.
Una liberación liderada por Offred, el excelente personaje encarnado por Elisabeth Moss que ha valido a la actriz conocida anteriormente por su papel en Mad Men para ganar el Globo de Oro como mejor actriz de drama.
Mención especial:
Dark (Netflix) el thriller paranormal de producción 100% alemana ha sido una de las revelaciones del año, desmarcándose merecidamente de la etiqueta de “Stranger Things alemán” para ir mucho más allá. Dark es bastante más tenebrosa y compleja, y necesita de un visionado mucho más atento y concienzudo. Es lenta, pero increíblemente adictiva. Es oscura y sobria, pero visualmente espectacular.
¿Y por qué no está en nuestro top 5? La serie creada por Barn bo Odar y Jantje Friese peca de poco original en su planteamiento -pueblo pequeño en el que nuca pasa nada, viejas rencillas entre personajes principales y una central nuclear cuya presencia “legitima” sucesos paranormales- y no cuenta con una recta final demasiado consistente. Su desenlace es más que digno, pero no alcanza el nivel narrativo de la primera mitad de la temporada. No obstante, ello no quita que sea una serie de más que recomendada visualización. El sello europeo se hace notar y se agradece.
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